Posterior a 1945, el globo se fracturó en dos bloques bajo el liderazgo de Estados Unidos junto con la Unión Soviética. A pesar de que no existió un choque militar directo entre las superpotencias, la tensión permaneció constante en cada estrato social. George Orwell acuñó el término al hacer referencia a un estado de “paz sin paz”. La carrera armamentista además de la conquista del espacio definió esta competencia por la hegemonía política e incluso económica. El autor describe una situación donde la ausencia de hostilidades abiertas no representa tranquilidad, sino una vigilancia hostil fundamentada en la amenaza nuclear.
El Muro de Berlín simbolizó la división física junto a la separación ideológica de Europa por casi tres décadas. Crisis tales como la de los misiles en Cuba o las guerras de Corea al igual que Vietnam fueron manifestaciones indirectas de este choque de visiones. El control ideológico alcanzó las artes, los deportes además de la tecnología; de esta manera, cada logro se transformó en un acto de propaganda. Los servicios de inteligencia, específicamente la CIA con la KGB, desempeñaron roles determinantes en la desestabilización de gobiernos extranjeros. Este periodo fomentó una paranoia global que influyó en la cultura popular así como en el desarrollo de redes de comunicación estratégicas.

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